domingo, 21 de diciembre de 2014

El suspenso

El suspenso es esa falencia que se hace rogar.
Ese astro que parece lejano y que cuando se acerca puede hacer eclipsar la razón y la llena de un sinfín de emociones.

A veces puede ser una falacia, la espera de algo que nunca existió.

Sea como fuere, puede ser un gran seductor que columpie en medio de la quietud de la rutina, esa que aunque el inconsciente colectivo dice “estar a las corridas”, suele estancar.


La espera agrega adrenalina para algunos, para otros es como un sedante o un inhibidor, está en el modo que se absorbe en el espíritu.

martes, 16 de diciembre de 2014

Resignarse es mediocridad


Nadie tiene el destino trazado en el mapamundi de la vida, y aunque así pareciese que fuera, su respuesta ante su entorno, sucesos, desgracias y bondades, son puramente de su autoridad (consciente o inconsciente).

Poner la vara en una altura agradable y alcanzable, tranquiliza, pero llega el momento que ya no puede saciar la sed del espíritu glotón, ahí radica el dilema: conformarse o subirla.

Conformarse, teniendo un arcoíris de posibilidades, teniendo la chance de razonar y decidir, no puede ser otra cosa que mentirse a uno mismo.  


La mediocridad entonces es una elección.

lunes, 15 de diciembre de 2014

La peor cárcel


Prisionera de varias cárceles, mi mayor delito es temer, sufro una condena indefinida, de acuerdo al comportamiento obtendré o no la salida.


La peor cárcel es la que se genera en nuestro interior, la que dictamina nuestras acciones en definitiva no es otra que nuestra mente, por consiguiente si el miedo rige, no hay manera de escapar, puesto que no es un laberinto u desafío físico, es intermitente, omnipresente, y puede subsistir in eternum. 

domingo, 10 de agosto de 2014

La frustración

No es sólo por meros hechos que opacan a uno, sino la desilusión de estrellarse contra voluntades ajenas.
Los cristales del insomnio se quiebran y sus partes cortan profundamente las arterias de la razón. 
Supuestas víctimas se convierten en victimarios de si mismos. 
La auto compasión fagocita la auto superación. El fango de la lánguida angustia estanca los carruajes de metas, proyectos, y asimismo corroe los motores vitales de la vida… los sueños.
Lo que frustra no es llanamente lo que ocurre, sino lo que uno siente que podría ser o peor aún lo que podría haber sido.


lunes, 26 de mayo de 2014

Carpe diem


La quietud es una sigilosa asesina. La inercia fagocita la vitalidad a pasos agigantados.
Se ve al reloj, un infalible verdugo frente a nos, sin embargo parece un inofensivo instrumento frente al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido.

Así como la renovación celular ayuda al cuerpo, las vivencias, emociones novedosas hacen bien a la psiquis, ergo también al cuerpo, a posteriori.

Un nuevo trago, una nueva delicia, un nuevo rumbo, pueden gustar o no, pero lo que se tiene por seguro es que producirá al menos una chispa tornasol en medio de la gris monotonía o ¿porqué no? un arco iris llameante que despierte sentidos que teníamos ocultos.

También juega un rol determinante, el como se toma, se disfruta, se vive eso.
Aunque parezcan de disímil importancia, son eslabones que van forjando una conducta que puede ser desafiante a lo redundante o sumisa y esperanzada como quien dice: si, algún día…

Ese “algún día” no va llegar.

Mañana no sabemos, tenemos un hoy.

lunes, 21 de abril de 2014

Muertos en vida


Hay muchas pérdidas durante la caótica existencia, pero las que más pesan son las inconclusas, el extravío de las personas que aun respiran a lo lejos.

Algunas de estas almas, nos hicieron sentir su palpitar cerca, casi al punto de hacernos temblar; o nos cubrieron con el rocío de su llanto, o su risa nos elevó a la estratósfera, o viceversa… y todo ello quedó en un limbo, un limbo en el que no habitan los seres que quisimos, si no las ideas que tenemos sobre ellos.

Las únicas cenizas a las que se puede llorar son las que quedan en nuestra mente.

Aunque la distancia y el tiempo son verdugos acérrimos, la mente puede ser el Cristo para todos aquellos difuntos en vida.

jueves, 3 de abril de 2014

Valió la pena


Generalmente se idealiza el pasado. Cuanto más remoto se encuentra ese Adonis, y no necesariamente por un factor temporal, más grandilocuente nuestra mente lo muestra.

Mientras se transita por el valle de la nostalgia, un sendero tan luminoso pero con un fulgor que puede llegar a opacar, se vislumbra que la alegría y la tristeza retozan.

Cuando solo quedan los resabios de esa dicha, de ese placer, de ese antojo que la vida o el destino, o a la puta cosa que queramos atribuir, nos lo dio y en un destello nos arrebató, es inevitable pensar si algo validero quedó.

Porque no sólo quedan la hambruna de ansias y el lánguido e interminable túnel del desconcierto, sino también surgen los porqués. Nace una responsabilidad que no buscábamos, que no se nos había cruzado ni por asomo. Y así mismo no podemos evitar preguntarnos: ¿habrá valido la pena?